sábado, 29 de agosto de 2009

La primera vez que vi algo de Tarantino fue así.

Perfil
Nombre: Pulp Fiction (Tiempos violentos)
Año: 1994
Director: Quentin Tarantino

Como manifesté desde que inauguré este blog, eventualmente me gusta hablar de cine con las herramientas que tengo a la mano (que no son las de una experta), pues ni cine ni comunicación audiovisual son las carreras que elegí para ser formada. Sin embargo, no hace falta ser experta de algo para describir aquello que te gusta de un filme en un blog, ¿cierto?, así que, si me lo permiten (o no) aquí voy una vez más.

El género de la película fluctúa entre película de crimen/acción y comedia de humor negro. Con una estructura narrativa no lineal, diálogos creativos, genial caracterización de personajes y buen soundtrack, Pulp Fiction fue mi primer cercamiento a la obra de Tarantino y vaya introducción que me dio. El filme comienza con una pareja de asaltantes conversando en una de esas clásicas cafeterías americanas sobre aquello que deberían cambiar en sus vidas: asaltar bancos y tiendas de licores ya no es gran negocio, robar restaurantes resulta más gratificante económicamente y ¿por qué no en ese mismo instante? La mujer (Honey Bunny, como la llama su chico) levanta una pistola, pero no sabremos lo que viene hasta el final de la película.

Inmediatamente luego aparecen Jules y Vincent (éste último es representado por John Travolta, a quien le tengo mucho más respeto desde que vi esta película) en un auto, hablando sobre las traducciones que La Big Mac de la cadena McDonalds tiene en algunos otros países y de cómo en Amsterdam es de lo más normal pedir un a cerveza en un sala de cine. Se dirigen a la casa de unos muchachos a recuperar un maletín (cuyo contenido seguramente no sabremos pronto) que le había sido robado a su jefe, Marsellus Wallace. Ahí presenciaremos la primera matanza y no se dará sin que antes Jules mencione el proverbio de Ezequiel por primera vez (lo mencionará dos veces más luego): "El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la injusticia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos (...)".

A partir de entonces, la película se dividirá en tres fragmentos: Vincent Vega and Marsellus Wallace's wife, The gold watch y The Bonnie situation. El primero nos muestra a Vincent en una cita con Mia (Uma Thurman), la esposa de Wallace, a quien debía sacar a pasear mientras éste se encontraba de viaje y a cuyos encantos tenía que resistirse por lealtad (o miedo, tal vez) a su jefe. La cita termina abruptamente, cuando a Mia le da una sobredosis y Vincent la tiene que llevar al departamento de su abastacedor de heroína para restablecerla inyectándole adrenalina. Ya acostumbrados a los saltos de una escena a otra, no nos sorprendemos cuando de pronto la pantalla se funde a negro y aparece Butch recibiendo de manos de un fulano un reloj que había pertenecido a su padre, no sin antes enterarse de todo aquello por lo que su padre había tenido que pasar en el ejército para que no se lo confiscaran y pudiera llegar salvo a manos de Butch. Butch es boxeador y Wallace le ha arreglado una pelea, en la que debe dejarse ganar por su oponente a cambio de algo de dinero; sin embargo, parece que Butch se arrepiente, no cumple su parte del trao y decide huír con el dinero, llega a casa y le comunica a su esposa Fabianne que aliste las cosas, porque partirán por la mañana. Al día siguiente, ya fuera de casa, mientras Fabianne cuenta con gran ternura aquello que se le antoja de desayuno, Butch se da cuenta de que, pese a sus indicaciones de tener especial cuidado con el reloj de oro, éste se había quedado en casa. La importancia de este fragmento radica en mostrarnos cómo es que Butch retorna al lugar, consciente de que lo podrían matar, pero por un giro de suerte Vincent estaba en el baño y su arma estaba fuera, lo cual le dió tiempo a Butch de tomarla y matarlo con ella. El tercer fragmento, nos transporta al inicio, cuando Vincent todavía estaba vivo con Jules recuperando el maletín, van en el auto con un muchacho que se encontraba en un rincón de la casa y Vincent le dispara de casualidad. Piden ayuda y llega Mr. Wolf a ayudarlos a reacomodar la situación, pues no es para nada común ir manejando cubiertos en sangre y con un cadáver en el asiento trasero. Cuando ya todo está arreglado, se retiran a una cafetería y es ahí en donde la historia se empalma con el comienzo de todo: la pareja hablando de los cambios que deben hacer en su vida de asaltantes.

Fuera de lo intrigante que puede resultar para el espectador ver a un par de matones (personas comunes, pero que se ganan la vida ejerciendo violencia a diestra y siniestra) hablando con tanta naturalidad de masajes de pies y hamburguesas como piedra angular de la comida estadounidense o que alguien pueda gastar $500 de porrazo en gramos de heroína; se me hace increíble cómo Tarantino empalma las tres historias con tanta habilidad. Si bien cuando la vi, sabía que muchos la consideran una de las mejores de los 90s, no estaba tan segura del género, pues nunca ha estado tan cercano a mí. Me gusta más ver una película sin idea de lo que me podría causar y que mi reacción termine siendo tan satisfactoria, que ver una que sé desde el inicio que me va a gustar porque pertenece a aquellos géneros que ya conozco. Asimismo, de la misma forma como para mí no existe buena música sin buenas letras (a no ser que sea de una banda experimental), el guión en una película representa para mí algo esencial (a no ser que se trate de una película no narrativa) y las conversaciones de este filme son bastante ingeniosas como para atraerme. ¿Cómo concluiré esto? No sé, diciendo que me encantó, supongo (aunque por ahora ello debería haber quedado sobre-entendido) y sorprendiéndome de haber escrito tanto cuando esto debió ser cosa de un par de párrafos como las anteriores veces en las que he escrito sobre una película.

viernes, 28 de agosto de 2009

No será un sermón.

Personalidad con tendencia a la adicción es uno de esos conceptos psicológicos para explicar que algunos poseen caracteres más aprehensivos que, de vez en cuando, los llevan a caminar en la cuerda floja en lo que a vicios respecta. Entonces, algunos estamos más propensos que otros a vivir bajo la sombra de nuestros vicios. Aun así, vivimos como podemos, usualmente con el logro de la mayor felicidad posible y avidez por el descubrimiento de lo nuevo en la mira. Así, la curiosidad nos lleva instintivamente por superficies desconocidas, ergo, no confiables del todo. Me gusta apelar a la idea de que tenemos conciencia de lo ignoto como aquello sobre lo cual es válido vacilar y que, entonces, no somos unos idiotas, ni completamente ingenuos cuando nos 'arriesgamos' (solo un tanto experimentales).

Las homilías me son perturbantes, no pretendo escribir algo que encaje en esa definición y me desagrade a tal nivel. A partir de ahora en este texto, no meteré cuestiones clínicas y trataré de hacer el menor número de juicios morales (todo un reto: no existe algo más demandante que ser objetivo). Sin embargo, hay algo que me interesa saber. Comenzaré imaginando que todos nos enteramos hoy de que dicha cercanía al perfil de un obsesivo vicioso nos es inherente... ¿acaso no quedaría un ápice de racionalidad en nosotros para darnos cuenta de lo que significa hartazgo y lo que éste implica? El hartazgo suele conducir a la renuncia completa, aquella en la que la lista de cosas que nos producen sensasiones de goce peligra de ser reducida. ¿La humanidad acaso no debería temer más a convertir aquello que otorga placer en algo que consumirá de forma compulsiva hasta llegar al hartazgo que a las consecuencias mentales/físicas que la adicción misma le produciría?. A mí me gustaría pensar que aún siendo proclives a arrastrar lazos rutinarios y aburridos como los que significan los vicios, somos capaces de dilucidar esto último: No querer reducir la lista, tratar de que, en la medida de lo posible, aquellos antojos (legales, ilegales o lo que sea que diga la norma) que disfrutamos hoy, puedan ser también disfrutados en un lustro o década. ¿Eso de no convertir lo que me gusta en costumbre (viendo la costumbre como aquello falto de emoción) me serviría de ayuda cuando sintiera que me estoy excediendo en el uso/consumo de algo, sea lo que sea ese algo? Yo creo que sí, pero si no, no sería una sorpresa, pues este barullo de premisas no se construyó gracias a métodos cuantitativos/cualitativos de los cuales pueda alardear, sino con ciertas prioridades subjetivas a la base, como por ejemplo el afán por que cada día sea lo más distinto del anterior dentro del margen de lo factible.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Secas y sin color casi, así caen.

Photobucket
Por . Venía de Molina Plaza (como si importase).

All the leaves are brown and the sky is grey,
I've been for a walk on a winter's day.

jueves, 6 de agosto de 2009

Otra reflexión sobre Bagua.

El gobierno está orientando la problemática en Bagua por la tangente. No se trata de una pugna entre policías y pobladores de la amazonía peruana, ni mucho menos de "qué bando mató más". El problema subyace a cualquiera de estas afirmaciones, es el estado neoliberal en su ímpetu de hacer aparecer al país y sus subsuelos como un mobiliario en venta; sesgado por la fantasía de un enriquecimiento basado meramente en políticas extractivas, va dejando olvidado en el camino el respeto hacia los ciudadanos. El discurso de García no se aleja de la ideología expuesta en los artículos del "perro del hortelano": "Quieren detener al Perú, quieren impedir que los peruanos se beneficien con el gas y el petróleo de su subsuelo". Ahora, respóndanme... ¿qué tanto los peruanos nos hemos beneficiado? ¿Acaso se ve traducido en menores cifras de pobreza? ¿en calidad de vida? No. Solo como ejemplo, Huancavelica sigue conservando al 85% de su población en estado de pobreza, aunque la explotación minera es una de las actividades imperantes en la zona. Brack Egg no cesa de señalar que los peruanos somos dueños del suelo, mas no del subsuelo... no es acaso ello algo absurdo? Si descubren que debajo de tu hogar de toda la vida existe una gran cantidad de oro, ¿te irías sin protestar para darles paso a las mineras y así saqueen tal subsuelo? ¿aceptarías con resignación que gracias a la actividad petrolera se afecte el medio que te rodea, como contaminación de agua y atentados contra la biodiversidad?. Alan García, siempre tan "acertado" en sus comentarios cuestiona a los pobladores amazónicos la posibilidad de ser peruanos de primera clase. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso, no todos debemos hacer usufructo de los mismos derechos y deberes por el hecho de haber nacido en esta sociedad?. Tal vez debí comenzar por señalar tal cosa. Es esa inequidad la que se encuentra en el trasfondo de esta pugna y la que impide que el "Perú siga avanzando". Esta subversión ha sido una consecuencia de la indiferencia e ineptitud para el diálogo que tiene el Estado. No hubiera habido matanza alguna si el gobierno hubiera comenzado a avanzar en tanto desarrollar políticas atentas a las necesidades de la población y de acuerdo a ellas. Ningún TLC ni contrato minero está por encima de la vida de ningún peruano.