El no creer que haya una vida después de ésta me ha vuelto más propensa aún a aprovechar cada instante de la actual, a sacarle el jugo tal cual naranja, hasta la última pitada tal cual cigarrillo. He acaparado tanta actividad como temas de interés tengo, todo como parte de un proceso de asimilación casi inconsciente de la primera premisa. Y es que solo tengo una oportunidad para hacer las cosas y hacerlas bien y aunque los retos me son siempre simpáticos, a veces la idea me perturba (solo a veces, no hay mucho tiempo para pensar en ello). Días de sueño escaso como éste, en el que haber dormido sentada durante la ida en bus a la universidad me remite al clásico algo es algo, me hacen pensar que tal vez no debería tomarme eso de solo descansaré cuando me muera tan literalmente. La duda se fundamenta en un hecho simple: llevo tres días seguidos sobreviviendo con menos de dos horas diarias de sueño y no sé qué tan sostenible ello sea. He oído que mis almohadas extrañan mis cabellos y no las culpo (aunque yo por mi parte, extraño más mis sábanas). No es posible satisfacer a todos. Por lo pronto, la única solución que salta a mi mente, la menos creativa quizá, es la de dejar de contar horas; por lo menos, hasta ahora parece que es más la conciencia temporal la que agobia, que el desgaste físico mismo. Por el momento,una cerveza (negra y helada), por favor, quiero que eso y solo eso me haga compañía esta amanecida.
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miércoles, 16 de junio de 2010
jueves, 24 de diciembre de 2009
Ya casi es navidad (y ni parece).
La navidad hoy solo se vive en los medios de comunicación y centros comerciales y sospecho que mi desubicación en el tiempo se debe a que no he estado circulando por tiendas por departamento durante este mes. También a que mi lindo televisor del 75 ha dejado de funcionar para recordarme que este es el mes del deber-consumir con spots de un gordo amigable comiendo panetón, familias tomando chocolate caliente o niñas abriendo cajas de muñecas rubias de plástico. Culpables serían también los otros vecinos de la cuadra donde vivo a quienes este año parece interesarles la decoración navideña tan poco como a mi madre, quien sorprendentemente no se ha esforzado por colgar ningún objeto de reminiscencia navideña en casa este mes. Sin esas sutilezas de la fecha ¿qué nos queda percibir a los no cristianos? Que la navidad es sinónimo de inequidad. Hoy solo es una costumbre que amplía brechas y tiene dos vertientes: la de los que compran y la de los que no compran (no porque no quieren, sino porque no pueden). Sin embargo, como dicen los Ramones, I don't want to fight tonight y no niego que tal vez se me haga más fácil soltar frases así porque yo sí pasaré la velada simplemente bien mientras deben yacer muchos aún fuera vendiendo chispitas mariposa. Querer acabar con una celebración de casi dos milenios, sería absurdo. Además una noche entre familia nunca está de más. No se trata de dárnosla de rebeldes y protestar por protestar, sino de que días como éste nos inspiren a trabajar sobre el problema base y así todos tengan la libertad de elegir, de acuerdo a su fe y creencias, si celebrar esta fecha o no y más tarde, cómo hacerlo, sin tener una única posibilidad: la de la calle y un chancay. Mientras tanto - y advierto, sonará asqueroso - hay convencionalismos que cumplir (normas y costumbres familiares). Iré a cambiar mi pijama por algo menos cómodo e intentaré desenredarme el cabello con los dedos.
lunes, 12 de octubre de 2009
La ausencia de sonido.
Encontré un contexto en el cual el silencio dista de ser de mi agrado, en el que me es prácticamente imposible sentir comodidad mientras permanezco callada. Normalmente, me sirvo de las escaleras para trasladarme cuando ando sola y ello hizo que, hasta hace poco, no se me haya ocurrido cuestionar al silencio como placentero. Y es que las circunstancias conllevan al encuentro de excepciones a toda regla. Es así como, cuando aliado a espacios de tamaño limitado en los que se está prácticamente hombro con hombro con la persona próxima, el silencio prolongado suele tornarse perturbador. Los celulares sin señal y el hecho de compartir un cuadrilátero con personas inéditas aportan a la sensación de hermetismo como algo ya no tan positivo. Lo increíble es que, aún con todo, no se puede no comunicar y si no se oyen voces, será nuestro lenguaje no verbal el que se manifieste. A veces, nos miramos de reojo, mientras ensayamos fichas descriptivas mentales. Otras veces, simulamos pensar en algo externo y miramos hacia un punto fijo, cuando en realidad nada nos gustaría más (en ese momento, por lo menos) que conocernos para dejar de sentirnos así. Aún sin comprender cabalmente cómo es que un tiempo tan corto (de segundos, tal vez) puede resultar tan molesto, todos sabemos que lo es y nadie suelta palabra. Ni siquiera yo. Al igual que los cementerios, parece que hubieran sido creados para que no se emitiera sonido alguno dentro. No me gustan los ascensores.
jueves, 17 de septiembre de 2009
El mito de los polos opuestos.
Durante mucho tiempo se ha hecho uso casi paradigmático de la famosa expresión los polos opuestos se atraen. Se le ha dotado de carácter absoluto y, a mi parecer, su imposición como verdad única no es más que una insensatez. O sea, en términos menos moderados (pero muy míos), nicagando. Quien sea que haya creado la dichosa frase, no tuvo en cuenta que no todos buscan lo mismo. Muchas personas podemos comunicarnos con cualquiera, pero específicamente arrimarnos a aquellos con los que nos sentimos más cómodos, no por falta de confianza en uno mismo, sino porque es una tendencia humana natural. Si no respóndanme ¿qué es lo primero que hacemos cuando conocemos a alguien? Preguntarle sobre aquello que le interesa, pues la conversación solo comenzará a fluir con naturalidad cuando encontremos el tema en común, aquel en el que nos sentimos seguros para discutir y que posteriormente sirva de punto de partida para debates más variados. Así, puedo conocer a quien sea y preguntarle por la música que escucha, su película favorita, qué carrera estudia y no coincidir en nada... hasta que de pronto le pregunto por su casa de estudios y Eureka! es la misma que la mía: he encontrado un tema en el cual ambos nos podremos desempeñar con facilidad, para luego solo así poder pasar a lo que algunos llamarían un nivel más profundo, íntimo. Entonces, en mi concepción, sentirse cómodo sería algo así como poder expresarse con seguridad delante de la otra parte. No nos sentimos cómodos con aquello a lo que no somos cercanos (o en todo, caso, nos sentiremos más cómodos siempre con aquello que conocemos) y, somos cercanos, en tanto nos podemos ver en el otro (de la forma que sea, puede ser en lo más mínimo, pero tiene que haber dicho reflejo): tener empatía, dicen algunos. Cuando alguien habla de polos opuestos, se refiere a extremos, a acciones y preferencias diametralmente opuestas. De ambas, creo que las acciones contrarias son las menos llevaderas a largo plazo. La diferencia de las preferencias es más digerible si actuamos bajo la premisa de considerar valiosas las pasiones del otro, así, puede que una parte no se interese por el arte de Duchamp, pero acepte que a otros sí les pueda llamar la atención. Por otra parte, considero que también es llevadero que tengan ideologías diferentes, siempre y cuando partan de un punto en común. Por ejemplo, si ambos tienen cierto interés por política. El hecho de que uno sea liberal y el otro se jacte de conservador podría resultar más interesante y enriquecedor que estar al lado de alguien que, por lo contrario, se considere apolítico y considere a ésta una basura no digna de ser debatida. Sobre las conductas, el debate se torna menos relativo. Así, una persona extrovertida difícilmente buscará a su polo opuesto: alguien introvertido. Simplemente, porque manejan valoraciones muy distintas; mientras uno disfruta de las multitudes, el otro aprecia la soledad y se rodea de solo lo necesario. Ello no podría funcionar, al menos que uno se adapte al otro, el extrovertido tendría que empezar a agarrarle aprecio al misterio característico del otro o el introvertido podría intentar asimilarse a las costumbres del extrovertido. Ello implica que siempre una actitud se impondrá sobre otra, habrá un actuar dominante y este tipo de verticalidad no es sostenible. Igual sucede con las personas en las que prima lo racional: Si bien un constante soñador podría ser considerado como aquel ente complementario, terminaría sacando a la otra parte de quicio tarde o temprano. Para aquellos que apreciamos la estabilidad emocional y no ir dando brincos de aquí a allá, la idea de la pareja dispareja aparece como poco viable y no seductora. No tendemos, a nivel consciente ni subconsciente, encontrar a aquel que se oponga a nosotros al extremo. La frase esta, culpable de tantas caídas, debería ser erradicada porque hace que las personas, obnubiladas por el arraigo que tiene dicha creencia en la sociedad, crean que estar con alguien que se le parezca es aburrido (hasta insípido), lo cual los lleva a desechar la alternativa sin premeditación. Creo que no se trata de ir en busca de la pareja dispareja, que si se dan cuenta, ni siquiera funciona en el cánon hollywoodense, en cuyos filmes siempre un personaje termina adoptando la actitud del otro como imperativo (la chica anti-social adopta una nueva actitud y se convierte en la reina del baile y conquista al capitán del equipo de fútbol americano). Creo que lo primordial va por el camino de reconocer matices hasta encontrar en alguien características que aporten al balance de la relación. Y, sí, pues, todo esto nació porque a mí no me resultan tan atractivos aquellos muchachos que se oponen a mí (ya me di cuenta de que, muy a pesar de mi intimidad, no me es fácil escribir sobre estas cosas de manera impersonal).
domingo, 13 de septiembre de 2009
Mit dem Bus.
Esa mañana iba a visitar a una amiga. Simétricos e inofensivos copos de nieve caían contra la ventana panorámica del segundo piso del autobús mientras éste avanzaba. Sonaban los Fabulosos en mi reproductor. El ritmo de vasos vacíos nunca había contrastado tanto con un paisaje y extrañé sin nostalgia. La sensación era hermosa, sin aires de protesta. Sin dejar de mirar por la ventana, me concentré para entenderla. Era sentirte parte de una comunidad nacional (a millas de la misma) por haber crecido en ella, sin que ello ahuyentara la posibilidad de adaptación y valoración (y hasta incorporación) de nuevas tradiciones. La canción terminó, pero mi mente quedó fija en cuán fascinante era esta última idea de un ente cuya identidad queda, al final de cuentas, construída a base de experiencias múltiples, no limitadas por el hecho de haber nacido en determinado hemisferio del planeta. Un ser cuya identidad no cesa de construirse y que ve en la pureza cultural un imposible (y hasta limitación para la comprensión entre individuos).
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Pienso en hue-va-das.
Últimamente mis cavilaciones bordean lo absurdo. Como por ejemplo, la otra vez, cuando caí en la cuenta de que dejo de hacer cosas y me pierdo sucesos de los cuáles podría ser espectadora mientras duermo. Me puse a pensar en que tal vez debería dejar de dormir por completo y aprovechar cada vuelta que da el minutero del reloj como me plazca. Dichos acontecimientos podrían ser de lo más increíbles y solo dejaría de hablar sobre ellos en modo subjuntivo en tanto los experimentara por mí misma, pensaba. Luego de una ausencia antojadiza, regresa aquella Raisa racional y re-ordena todo de una vez para que me dé cuenta de algo que sé desde siempre (¿cuán absurdo puede ser sorprenderse por algo que se sabe con antelación?): por más ganas que tenga de aprovechar el tiempo al máximo, más fuerte (y cercano a mi naturaleza) será el deseo de caer en cama después de no haber rozado una por horas. Inmediatamente después, cuando mi parte racional se ha reunificado ya completamente con esa otra que permite que me comporte como una cándida ilusa, me doy cuenta de que también me estoy perdiendo de algo mientras realizo cuestionamientos que no me llevan a ninguna parte y eso me resulta igual de ridículo que el hecho de si quiera haber considerado la posibilidad inhumana de no dormir más.
viernes, 28 de agosto de 2009
No será un sermón.
Personalidad con tendencia a la adicción es uno de esos conceptos psicológicos para explicar que algunos poseen caracteres más aprehensivos que, de vez en cuando, los llevan a caminar en la cuerda floja en lo que a vicios respecta. Entonces, algunos estamos más propensos que otros a vivir bajo la sombra de nuestros vicios. Aun así, vivimos como podemos, usualmente con el logro de la mayor felicidad posible y avidez por el descubrimiento de lo nuevo en la mira. Así, la curiosidad nos lleva instintivamente por superficies desconocidas, ergo, no confiables del todo. Me gusta apelar a la idea de que tenemos conciencia de lo ignoto como aquello sobre lo cual es válido vacilar y que, entonces, no somos unos idiotas, ni completamente ingenuos cuando nos 'arriesgamos' (solo un tanto experimentales).
Las homilías me son perturbantes, no pretendo escribir algo que encaje en esa definición y me desagrade a tal nivel. A partir de ahora en este texto, no meteré cuestiones clínicas y trataré de hacer el menor número de juicios morales (todo un reto: no existe algo más demandante que ser objetivo). Sin embargo, hay algo que me interesa saber. Comenzaré imaginando que todos nos enteramos hoy de que dicha cercanía al perfil de un obsesivo vicioso nos es inherente... ¿acaso no quedaría un ápice de racionalidad en nosotros para darnos cuenta de lo que significa hartazgo y lo que éste implica? El hartazgo suele conducir a la renuncia completa, aquella en la que la lista de cosas que nos producen sensasiones de goce peligra de ser reducida. ¿La humanidad acaso no debería temer más a convertir aquello que otorga placer en algo que consumirá de forma compulsiva hasta llegar al hartazgo que a las consecuencias mentales/físicas que la adicción misma le produciría?. A mí me gustaría pensar que aún siendo proclives a arrastrar lazos rutinarios y aburridos como los que significan los vicios, somos capaces de dilucidar esto último: No querer reducir la lista, tratar de que, en la medida de lo posible, aquellos antojos (legales, ilegales o lo que sea que diga la norma) que disfrutamos hoy, puedan ser también disfrutados en un lustro o década. ¿Eso de no convertir lo que me gusta en costumbre (viendo la costumbre como aquello falto de emoción) me serviría de ayuda cuando sintiera que me estoy excediendo en el uso/consumo de algo, sea lo que sea ese algo? Yo creo que sí, pero si no, no sería una sorpresa, pues este barullo de premisas no se construyó gracias a métodos cuantitativos/cualitativos de los cuales pueda alardear, sino con ciertas prioridades subjetivas a la base, como por ejemplo el afán por que cada día sea lo más distinto del anterior dentro del margen de lo factible.
lunes, 14 de abril de 2008
El dilema de la carrera
Que bien se siente hacer la retirada estratégica para luego volver, más relajada y con algunas ideas nuevas en mente. En estos últimos días (ejem, semanas) me la he pasado en la universidad haciendo de todo y la verdad no he tenido mucho tiempo para revisar mis blogs (salvo el fotolog, que es algo así como un vicio oculto).
En realidad, siempre quise estudiar en la PUCP. Aunque cuando me imaginaba parte de ella, no sabía que estudiaría a ciencia cierta; mis opciones mutaban cada cierto número de meses. En mis primeros años de secundaria era economía, creo que sobretodo por influencia de mi padre, más tarde me daría cuenta de que no estoy hecha para ese tipo de trabajo tan poco activo (yo lo siento así), en realidad nunca pensé en sentarme en oficinas o cosas así como en las que se desempeña él (y no es que menosprecie su trabajo, para él es increíble y se siente feliz) quería algo más dinámico que me permita mayor acercamiento a la gente, pero no cómo si ellos fueran solamente una muestra que me permitiera sacar estadísticas, en fin... concluyo, no era para mí. Luego cuando cursaba tercero de secundaria, me interesé en los medios, periodismo parecía la rama perfecta, la verdad sonaba bien, siempre he sido curiosa y por ende, preguntona; pero (otra vez con los peros) para ser periodista en un país como este, en el cual la prensa sensacionalista tiene tanta acogida, la lucha por ser objetiva iba a ser interminable, además los periodistas son muy odiados y por más infantil, inmaduro y hasta engreído que suene, yo no quiero ser odiada; se cree que los trabajos que puede desempeñar un periodista varían entre escribir artículos, ir a narrar lo que sucede en el país en el noticiero matutino del canal de mayor sintonía en el país o hacer esa espectacular investigación sobre discriminación social en Lima, pero lo que muchos no saben es que antes tienes que ser reportero, sí de esos que persiguen a los políticos o al tío violador preguntándoles cosas como "¿usted que opina de la gestión de fulano o de mengano?" o peor aún, "¿Y por qué lo hizo?", y sincerándome un poco, no, no lo haré; además si mal no recuerdo hubo una vez un congresista que pateó a un periodista, muchos fácil lo encontraron irrisorio, pero no me hubiera gustado estar en su lugar para nada. Es curioso como este tipo de nimiedades me iban desanimando poco a poco, hasta que hubo un día en el que no podía concebir como en alguna etapa de mi vida consideré al periodismo como una opción para mí, para mí que soy consciente de que si alguien se atreve a agredirme no lo pensaba dos veces antes de devolverle el agravio (sea del tipo que sea, incluído patadón), importándome un bledo la ética del buen profesional o eso de controlar los impulsos que nunca entendí bien. Luego vino quinto de secundaria, año que crees decisivo en tu vida, porque ya eres bacán y cuando caminas por la calle con tu casaca de prom todos saben que ya no eres tan chibolo y que ya algo eres. Durante ese memorable año, fueron un sinnúmero (exagero, lo sé) de representantes de las diferentes universidades del país y nos repartieron cartillas, yo, aún desorientada, tomé algunas de otras ramas de comunicaciones, ahí rescaté a comunicación audiovisual (que descarté más que de inmediato por varias razones que no vale la pena explicar) y a publicidad. Creía que esa última era la carrera para mí, pues en teoría exigía imaginación, saber trabajar en grupo, buenas ideas, tolerancia y una sarta de cualidades más que no sé si tengo, pero que terminé asumiendo como mías. Eso es lo que pasa cuando tienes 15 y tienes cero de experiencia en la carrera de la vida, te dejas llevar por lo divertido y afín contigo que parece el plan de estudios sin indagar más en otros potenciales intereses o talentos que tengas; sin embargo, no me siento mal, apuesto a que ya varios de mis compañeros del cole deben haber desertado de sus carreras de derecho, arquitectura, ingeniería y administración por darse cuenta de que no tenían madera ni de abogados, ni de arquitectos, ni de ingenieros ni mucho menos de administradores. Sea como fuere, perseveré en la idea de que sería la publicista más feliz del mundo, haría campañas para Coca-Cola y luego seguro los posters de las campañas de Moschino (suena vanal, pero es la verdad, ¿qué querían?), ingresé a la universidad (mi tarjeta de identificación decía Publicidad bien clarito en la esquina izquierda) y seguí pensando igual hasta casi finiquitar mi segunto ciclo.
A eso iba con cómo muchas veces hablamos precipitadamente de lo que queremos ser. Seguí cursos de antropología, de ciencias políticas, de realidad social peruana (tuve el mejor profe, créanme, pese a ser medio gruñón, me encantaba) y caí en la cuenta de que por más entretenido que sonara publicidad, pensar en campañas publicitarias y en hacer estudios de mercado ya no era tan genial como lo creía en mis primeros meses de estudios universitarios en los que defendía a capa y espada que publicidad era mi mejor opción. No es que odiara publicidad (y solo para aclarar algo: no odio, odio es una palabra muy fuerte que a no ser de sufrir una de esas catarsis demoníacas en las que hablas sin pensar antes, nunca digo), sino que descubrí que había mucho más. ¿Cómo podía yo estar pensando únicamente en mí, cuando poco más de la mitad del país no tiene dinero para vivir de una manera holgada? ¿eh? ¿cuando hay muchos jóvenes que no tienen mi misma suerte y tienen que dejar sus estudios para trabajar y recibir sueldos injustos? ¿cuando la exclusión, social, racial, o cualquier tipo de discriminación que les parezca, es pan de cada día? ¿cuando se habla de democracia, pero solo una minoría puede decir que la vive plenamente? No puedo ser indiferente, yo que tengo a un par de padres que está dispuestos a darme una capacitación como la que muchos no reciben, tengo que poner parte de mí, porque si yo, peruana de nacimiento, no hago algo por mi país y su gente, entonces díganme ¿quién? Y, ¿saben qué es lo mejor? que me di cuenta que no soy la única, que hay muchos más que de una forma u otra dejaron ese pensamiento individualista, típico de conductas neoliberales que hasta hoy no traen buenos frutos, y están dispuestos a hacer un cambio.
Mi tendencia por ahora es estudiar comunicación para el desarrollo, es una mezcla de temas de comunicación, con temas de sociología/antropología que me complace como no tienen idea, y por si lo preguntan, yo sí creo que en el poder de los medios para mover multitudes, solo que en este caso no será para que compren determinado producto necesariamente, sino para hacer proyectos de desarrollo social. Quisiera tener la certeza de poder decir "esta es", pero como ya dije, esta vez solo diré que se trata de mi tendencia actual y me aventuraré a añadir que sin duda, estoy más segura que aquella vez en la que dije economía, que la vez en que dije periodismo y que la vez en que dije publicidad.
Por ahora lo único que puedo asegurar, es que cualquiera sea la carrera que elija, esta tendrá un fin social o de lo contrario, no será para mí.
En realidad, siempre quise estudiar en la PUCP. Aunque cuando me imaginaba parte de ella, no sabía que estudiaría a ciencia cierta; mis opciones mutaban cada cierto número de meses. En mis primeros años de secundaria era economía, creo que sobretodo por influencia de mi padre, más tarde me daría cuenta de que no estoy hecha para ese tipo de trabajo tan poco activo (yo lo siento así), en realidad nunca pensé en sentarme en oficinas o cosas así como en las que se desempeña él (y no es que menosprecie su trabajo, para él es increíble y se siente feliz) quería algo más dinámico que me permita mayor acercamiento a la gente, pero no cómo si ellos fueran solamente una muestra que me permitiera sacar estadísticas, en fin... concluyo, no era para mí. Luego cuando cursaba tercero de secundaria, me interesé en los medios, periodismo parecía la rama perfecta, la verdad sonaba bien, siempre he sido curiosa y por ende, preguntona; pero (otra vez con los peros) para ser periodista en un país como este, en el cual la prensa sensacionalista tiene tanta acogida, la lucha por ser objetiva iba a ser interminable, además los periodistas son muy odiados y por más infantil, inmaduro y hasta engreído que suene, yo no quiero ser odiada; se cree que los trabajos que puede desempeñar un periodista varían entre escribir artículos, ir a narrar lo que sucede en el país en el noticiero matutino del canal de mayor sintonía en el país o hacer esa espectacular investigación sobre discriminación social en Lima, pero lo que muchos no saben es que antes tienes que ser reportero, sí de esos que persiguen a los políticos o al tío violador preguntándoles cosas como "¿usted que opina de la gestión de fulano o de mengano?" o peor aún, "¿Y por qué lo hizo?", y sincerándome un poco, no, no lo haré; además si mal no recuerdo hubo una vez un congresista que pateó a un periodista, muchos fácil lo encontraron irrisorio, pero no me hubiera gustado estar en su lugar para nada. Es curioso como este tipo de nimiedades me iban desanimando poco a poco, hasta que hubo un día en el que no podía concebir como en alguna etapa de mi vida consideré al periodismo como una opción para mí, para mí que soy consciente de que si alguien se atreve a agredirme no lo pensaba dos veces antes de devolverle el agravio (sea del tipo que sea, incluído patadón), importándome un bledo la ética del buen profesional o eso de controlar los impulsos que nunca entendí bien. Luego vino quinto de secundaria, año que crees decisivo en tu vida, porque ya eres bacán y cuando caminas por la calle con tu casaca de prom todos saben que ya no eres tan chibolo y que ya algo eres. Durante ese memorable año, fueron un sinnúmero (exagero, lo sé) de representantes de las diferentes universidades del país y nos repartieron cartillas, yo, aún desorientada, tomé algunas de otras ramas de comunicaciones, ahí rescaté a comunicación audiovisual (que descarté más que de inmediato por varias razones que no vale la pena explicar) y a publicidad. Creía que esa última era la carrera para mí, pues en teoría exigía imaginación, saber trabajar en grupo, buenas ideas, tolerancia y una sarta de cualidades más que no sé si tengo, pero que terminé asumiendo como mías. Eso es lo que pasa cuando tienes 15 y tienes cero de experiencia en la carrera de la vida, te dejas llevar por lo divertido y afín contigo que parece el plan de estudios sin indagar más en otros potenciales intereses o talentos que tengas; sin embargo, no me siento mal, apuesto a que ya varios de mis compañeros del cole deben haber desertado de sus carreras de derecho, arquitectura, ingeniería y administración por darse cuenta de que no tenían madera ni de abogados, ni de arquitectos, ni de ingenieros ni mucho menos de administradores. Sea como fuere, perseveré en la idea de que sería la publicista más feliz del mundo, haría campañas para Coca-Cola y luego seguro los posters de las campañas de Moschino (suena vanal, pero es la verdad, ¿qué querían?), ingresé a la universidad (mi tarjeta de identificación decía Publicidad bien clarito en la esquina izquierda) y seguí pensando igual hasta casi finiquitar mi segunto ciclo.
A eso iba con cómo muchas veces hablamos precipitadamente de lo que queremos ser. Seguí cursos de antropología, de ciencias políticas, de realidad social peruana (tuve el mejor profe, créanme, pese a ser medio gruñón, me encantaba) y caí en la cuenta de que por más entretenido que sonara publicidad, pensar en campañas publicitarias y en hacer estudios de mercado ya no era tan genial como lo creía en mis primeros meses de estudios universitarios en los que defendía a capa y espada que publicidad era mi mejor opción. No es que odiara publicidad (y solo para aclarar algo: no odio, odio es una palabra muy fuerte que a no ser de sufrir una de esas catarsis demoníacas en las que hablas sin pensar antes, nunca digo), sino que descubrí que había mucho más. ¿Cómo podía yo estar pensando únicamente en mí, cuando poco más de la mitad del país no tiene dinero para vivir de una manera holgada? ¿eh? ¿cuando hay muchos jóvenes que no tienen mi misma suerte y tienen que dejar sus estudios para trabajar y recibir sueldos injustos? ¿cuando la exclusión, social, racial, o cualquier tipo de discriminación que les parezca, es pan de cada día? ¿cuando se habla de democracia, pero solo una minoría puede decir que la vive plenamente? No puedo ser indiferente, yo que tengo a un par de padres que está dispuestos a darme una capacitación como la que muchos no reciben, tengo que poner parte de mí, porque si yo, peruana de nacimiento, no hago algo por mi país y su gente, entonces díganme ¿quién? Y, ¿saben qué es lo mejor? que me di cuenta que no soy la única, que hay muchos más que de una forma u otra dejaron ese pensamiento individualista, típico de conductas neoliberales que hasta hoy no traen buenos frutos, y están dispuestos a hacer un cambio.
Mi tendencia por ahora es estudiar comunicación para el desarrollo, es una mezcla de temas de comunicación, con temas de sociología/antropología que me complace como no tienen idea, y por si lo preguntan, yo sí creo que en el poder de los medios para mover multitudes, solo que en este caso no será para que compren determinado producto necesariamente, sino para hacer proyectos de desarrollo social. Quisiera tener la certeza de poder decir "esta es", pero como ya dije, esta vez solo diré que se trata de mi tendencia actual y me aventuraré a añadir que sin duda, estoy más segura que aquella vez en la que dije economía, que la vez en que dije periodismo y que la vez en que dije publicidad.
Por ahora lo único que puedo asegurar, es que cualquiera sea la carrera que elija, esta tendrá un fin social o de lo contrario, no será para mí.
lunes, 31 de diciembre de 2007
Se me fue y yo que no quería (:
Creo que ya había mencionado lo importante que ha sido este 2007 para mí. No solo se trata de comenzar la universidad y por supuesto, conocer gente alucinante a la cual quiero y admiro; sino también porque he aprendido mucho este año. Siento que la madurez ha llegado a mí en el momento propicio para seguir adelante.
Lloré, reí, canté, bailé, grité, chanqué. Me sentí sola, luego ya no. Jalé algunos exámenes, aprobé otros. Me reafirmé en comunicaciones, pero con una inclinación más social. Finalicé una relación; peleamos, ahora hablamos normal, algo así como amigos de nuevo. Cerré mi blog (Stylish Femme en blogdrive), abrí un flog, y dos blogs más a cambio. Aprendí que mi viejo el ser más bacán con el que se puede hablar. Que puedo llevar la fiesta en paz con mi madre. Que mi hermana es mi mejor amiga. Que hay más música fuera de la que ya escuchaba.
Hubo harto rock de los 70s, 60s y buen cine. Descubrí Que las conversas grupales con Vicky, Yamilé, Fio, Dreu, Gabsy, Rochi y las demás son lo MEJOR. Que Jessica es más que genial. Que Sebas es el hombre de 17 años más cándido en Lima (tienen que creerme). Diría más. Haría más dedicatorias. Pero el día se acaba y tengo que terminar este post antes de que sea 1 de Enero.
El año nuevo, lo pasaré con mis familia en casa de mi tía Marina. Una pequeña (yo sé lo que digo) pero muy significativa persona para mí. Reventaremos cohetes como condenados y talvez para el siguiente post les tenga fotografías. Mañana seguro desayunaremos en algún hotel. Ahora, debo retirarme, mas no lo haré sin antes desearles lo mejor para el 2008. Retornaré comments ASAP (:
Lloré, reí, canté, bailé, grité, chanqué. Me sentí sola, luego ya no. Jalé algunos exámenes, aprobé otros. Me reafirmé en comunicaciones, pero con una inclinación más social. Finalicé una relación; peleamos, ahora hablamos normal, algo así como amigos de nuevo. Cerré mi blog (Stylish Femme en blogdrive), abrí un flog, y dos blogs más a cambio. Aprendí que mi viejo el ser más bacán con el que se puede hablar. Que puedo llevar la fiesta en paz con mi madre. Que mi hermana es mi mejor amiga. Que hay más música fuera de la que ya escuchaba.
Hubo harto rock de los 70s, 60s y buen cine. Descubrí Que las conversas grupales con Vicky, Yamilé, Fio, Dreu, Gabsy, Rochi y las demás son lo MEJOR. Que Jessica es más que genial. Que Sebas es el hombre de 17 años más cándido en Lima (tienen que creerme). Diría más. Haría más dedicatorias. Pero el día se acaba y tengo que terminar este post antes de que sea 1 de Enero.
El año nuevo, lo pasaré con mis familia en casa de mi tía Marina. Una pequeña (yo sé lo que digo) pero muy significativa persona para mí. Reventaremos cohetes como condenados y talvez para el siguiente post les tenga fotografías. Mañana seguro desayunaremos en algún hotel. Ahora, debo retirarme, mas no lo haré sin antes desearles lo mejor para el 2008. Retornaré comments ASAP (:
jueves, 27 de diciembre de 2007
Me presento
Acabo de cerrar mi photoshop CS, pero ya hace un buen rato había terminado el layout que ven ahí arriba. No tengo idea de cual es la importancia de decir esto, pero ¿saben qué? Aún así lo digo, porque es parte de mí, ya saben decir una cosa de lo más variada cuando las ideas no afloran en el momento. Si fuera alguien como Huayhuaca, talvez en lugar de variada me apresuraría a decir random con el tono más gringo que pudiera, mas no soy como él, tampoco quiero ser como él; tampoco importa Huayhuaca hoy, no voy a profundizar sobre él, porque sería marketing gratuito y no, así no es como quiero comenzar mi blog.
Ya ven? mientras escribía ese enredo de premisas no tenía idea de qué escribir; ahora, sí: les voy a decir quien soy yo; es decir, voy a presentarme. Mi nombre es Raisa y les debe bastar con eso; mis apellidos no los sabrán al menos que me conozcan. No pongas tus datos personales en la net nos repiten todo el tiempo; el internet es peligroso, cuna de violadores y de uno que otro psicópata. Pueden obviar eso, sólo lo dije por si acaso. Este debe ser mi sexto blog, no porque sea inestable, sólo un poco floja. Decidí crearlo, porque extrañaba tener uno y porque es mi promesa tener este blog hasta que envejezca.
Este año 2007 empecé una nueva fase en mi vida. Hablo del inicio de mi vida universitaria en la PUCP (tal y como siempre lo planeé), oh esa travesía llena de nuevas aventuras y conocimientos; esa en la que cambias el uniforme escolar por la ropa que te plazca... espera, espera; eso último no fue cierto para mi caso, pues nunca usé uniforme escolar en mi 'cole'. En fin, una nueva etapa que me dió nuevos amigos y también una intoxicación y unos 10 kilos más que ya veré como bajar en estos meses de vacaciones, por salud (si, huevón) pero más porque no planeo gastar plata en faldas y pantalones de una talla más.
Ya ven? mientras escribía ese enredo de premisas no tenía idea de qué escribir; ahora, sí: les voy a decir quien soy yo; es decir, voy a presentarme. Mi nombre es Raisa y les debe bastar con eso; mis apellidos no los sabrán al menos que me conozcan. No pongas tus datos personales en la net nos repiten todo el tiempo; el internet es peligroso, cuna de violadores y de uno que otro psicópata. Pueden obviar eso, sólo lo dije por si acaso. Este debe ser mi sexto blog, no porque sea inestable, sólo un poco floja. Decidí crearlo, porque extrañaba tener uno y porque es mi promesa tener este blog hasta que envejezca.
Este año 2007 empecé una nueva fase en mi vida. Hablo del inicio de mi vida universitaria en la PUCP (tal y como siempre lo planeé), oh esa travesía llena de nuevas aventuras y conocimientos; esa en la que cambias el uniforme escolar por la ropa que te plazca... espera, espera; eso último no fue cierto para mi caso, pues nunca usé uniforme escolar en mi 'cole'. En fin, una nueva etapa que me dió nuevos amigos y también una intoxicación y unos 10 kilos más que ya veré como bajar en estos meses de vacaciones, por salud (si, huevón) pero más porque no planeo gastar plata en faldas y pantalones de una talla más.
Estoy cansada, pero podrán ir sacando su perfil sobre mí a medida que lean mis posts, lo prometo.
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